No es una guerra. Es una invasión del Carnicero de San Petersburgo enviando tropas en dudosas condiciones a cometer delitos de lesa humanidad. Jóvenes comandados por sanguinarios militares con un concepto diferente al que se tiene en la vieja Europa; de nada sirve el Convenio de Ginebra u otros documentos de la ONU, el comportamiento de este loco ruso nos recuerda al austriaco nacionalizado alemán que provocó la segunda debacle mundial por su afán megalómano.
Cuando vemos tambalearse la estabilidad y seguridad mundial, cuando nos damos cuenta que estamos en manos de un carnicero capaz de apretar un botón y mandarnos al carajo es cuando nos constatamos que hemos dejado al descubierto es lugar donde la espalada pierde su casto nombre y lo peor, que nos pueden dar por ahí fácilmente. De nada sirven en este momento lamentaciones ni buenas palabras.
Ha venido este, el siniestro Diablo Rojo, a abrirnos los ojos sobre todo aquello que hemos dejado descuidado. Europa se echó en los brazos del buenismo sin prestar la atención necesaria a la defensa de sus nobles ideales. El viejo continente es la cuna de la cultura occidental, eso es innegable, pero nos hemos olvidado que sólo con buenas palabras y educación no se es absolutamente libre. Los libros y la cultura son demasiado frágiles para construir barricadas si nos atacan.
Europa se ha quedado dormida en sus laureles, todo lo logrado en estos últimos cuarenta años puede quedar absorbido y neutralizado por la invasión de un genocida. Olvidan los que defienden a este individuo que en su país hay miles de detenidos por pronunciarse abiertamente contra la barbarie que está ocurriendo en Ucrania.
Los ofendititos y progresistas chancleteros vienen con sus argumentos de siempre a comernos la oreja con los americanos, británicos o alemanes olvidando que los regímenes que los sustentan y han aupado a tocar moqueta no son hermanitas de la caridad. Allí las mujeres no son personas…son objetos. Los homosexuales no están en buena estima, más bien los estigmatizan en el mejor de los casos. Las cárceles no son como las que disfrutan los terroristas en España. Podríamos seguir, pero no servirá de nada.
Todavía podemos ver en las Redes Sociales los que consideran justificable el avance de las tropas de ocupación, hablan de otras guerras igual de deleznables con el argumento del ojo por ojo, la verdad es que escuchar a tanto pacifista chancleta en ese tonito me produce arcadas.
Todas las mejoras sociales que ha habido en la Unión son buenas, eso es un hecho. Pero hay algo fundamental y es que hemos olvidado que en cada lugar se piensa de una manera distinta y con unos valores diferentes igualmente respetables… o no. Para algunas culturas hay cosas que son absolutamente normales y para nosotros son una aberración.
Europa lleva años mirándose a un espejo equivocado y creyéndose el ombligo del mundo, pensando que la Unión era la panacea; el problema es que esa unión era sólo de boquilla y moqueta en la capital de nuestro continente, cada país ha barrido para su lado en Bruselas y somos fácilmente doblegables. Descuidar la retaguardia y olvidarse de lo potencialmente peligroso que es el otro lado del “muro” es un despropósito y ahora vienen las lamentaciones.–Confucio.
