Las palmadas a las siete de la tarde han pasado a ser bofetadas a todas horas, ya he comentado que el personal está muy revuelto y a las primeras de cambio se rebotan y pierden los papeles, se acabó… el retorno de la mala leche está aquí.
Hace un año y pico, en marzo del veinte-veinte, como le gusta llamarlo a los pijos, se produjo la hecatombe. Un virus chino, procedente de un mercado guarrindongo se hizo con la economía mundial, todo muy bien estudiado y perfecto.

Nos metieron en casa, sólo salíamos a las siete a aplaudir a Sanitarios, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Voluntarios, Camioneros, Responsables de Logística, Taxistas… a todo aquel que arriesgando “su vida” se puso en primera línea. En ese momento el “bicho chino” era un gran desconocido que dejaba –y deja– muerte y ruina por donde pasa.
El personal sanitario y las fuerzas del orden se ocupaban de la salud y de la vigilancia de las desiertas calles. Los voluntarios, (Ejército, Bomberos, Protección Civil, Cruz Roja…) de repartir alimentos a los más necesitados, desinfección de hospitales, ambulancias y atender a todo el que lo solicitaba. Los camioneros se paseaban por las desiertas carreteras sin tener ni tan siquiera donde tomar un café. Los taxistas trasladaban a lo que los sistemas de transporte no urgentes no daban abasto: enfermeros en visitas o al trabajo, enfermos a hospitales.

Toda esta gente, cuando aún no se sabía nada…cuando aún no se sabía si se podían contagiar, cuando los muertos se contaban por miles…repito: Toda esta gente arriesgo sus vidas. Ahora los políticos y lo que todavía es peor, la población aplica el conocido refrán español: “Si te vi, no me acuerdo”. Dice la sabiduría popular que “Cuando de vista te pierdo si te vi no me acuerdo”.
Las administraciones con un reconocimiento general han dado carpetazo a la labor de toda esta gente, algunos ayuntamientos han hecho un reconocimiento público, pero nada más, la mayoría de instituciones municipales, autonómicas y nacionales se han olvidado de la labor de estas personas que estaban en “El Frente”, porque esto no deja de ser, en cierto modo, una guerra.
Todos los que pasaron miedo por el puto virus chino deberían ponerse en el lugar de empleados de supermercados, tiendas de comestibles, farmacias, trabajadores del aseo urbano, en suma, los que estaban en la calle. A ellos se les pidió que fueran a una guerra contra un enemigo silencioso, a nosotros que nos quedásemos en casa y ahora… si te vi, no me acuerdo. Increíble.–Confucio.
