InicioEL CALEIDOSCOPIO¡Sálvese quién pueda!

¡Sálvese quién pueda!

Al grito de ¡Sálvese quien pueda! muchos responsables de la administración del Estado se han precipitado por la borda de la ética y la moral para tratar de ser los primeros en asegurarse una dosis como chaleco salvavidas en medio de un mar de contradicciones, errores y desconcierto general, que ha sido la causa de las dudas planteadas por las farmacéuticas en cumplir con los compromisos contraídos con la Unión Europea y que ha acelerado el pánico que rápidamente ha cundido entre los cobardes que se han aprovechado de su cargo para inmunizarse convenientemente frente a la Covid-19. Este paréntesis de suministros sanitarios ha acelerado el egoísmo de quienes creen que se encuentran por encima de las necesidades de la mayoría y que no dudan en justificar su comportamiento con ridículos razonamientos envueltos en papel celofán como si se trataran de regalos concedidos en razón del supuesto peligro que entraña su dedicación como trabajo remunerado.

Los hijos de la Gran Bretaña procuran por encima de todo curarse en salud, asegurándose para sí mismos la mayor parte de la producción que sus farmacéuticas estarían dispuestas a suministrar mientras que otras entidades se venden descaradamente al mejor postor a pesar de los compromisos contraídos con la Unión Europea. De manera que la vida de cientos de miles de personas acaba por depender de las fluctuaciones que se originan en el mercado farmacéutico en detrimento del riesgo que corren para con su salud.

La tan ansiada globalización, por lo que respecta a las indudables ventajas que ha venido aportando, comienza a declinar de manera paulatina. De nada han servido los adelantos tecnológicos de este último siglo que permitan, en materia de salud, tener controlado todo el espectro de carácter sanitario como para prever pandemias de esta mortalidad y magnitud.

De manera que será harto difícil encontrar culpables entre todos aquellos para quienes la salud de millones de personas se convierte en un negocio tan rentable como en su día fue el aprovechamiento del caucho, del petróleo o el incremento de la industria armamentística, por poner sólo tres ejemplos de lo que el ser humano es capaz de concebir por amor al dinero. Así nos va.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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