La isla de Tenerife, hasta el momento en que escribo, tiene casi el triple de infectados por COVID19 que la de Gran Canaria. Y muchos más muertos. Es verdad que Canarias está a la cola del resto del país en casos y en muertes, gracias a que se actuó más rápido que en la Península y probablemente a que cortamos antes el flujo de visitantes. Pero tengo una pregunta que hacer: ¿por qué si Tenerife tiene tres veces más contagiados que Gran Canaria, y el doble de muertos, los envíos de material del Gobierno central llegan a Gran Canaria y se reparten desde allí? ¿No ahorraríamos tiempo haciéndolo desde donde hay más enfermos, por una mera cuestión de logística? Y otra pregunta, que se refiere al Hospital Universitario de Canarias, un grandísimo centro de referencia en la sanidad canaria. ¿Por qué si otros hospitales cuentan con suficiente material adecuado y desechable para el personal, el HUC utiliza todavía batas de tela, muy a su pesar, porque no le llega otro tipo de insumos? No es por nada, pero son preguntas que me gustaría que fueran respondidas por Sanidad. Sé la labor que hacen Julio Pérez y su equipo, lo sé perfectamente, y la aplaudo por lo tenaz que es, por la competencia demostrada y por el entusiasmo que ponen en el cumplimiento de su labor. Pero lo que les cuento, según mis fuentes, es cierto. Deberían racionalizarse mejor los recursos y hacer el reparto en el lugar en el que más casos hay. Y si estoy equivocado, dispuesto me encuentro a rectificar. ¿Por qué hay más contagiados en Tenerife que en Gran Canaria? Primero, porque viven más habitantes en la primera isla citada. Y segundo, posiblemente por otros dos motivos: más italianos que entraron sin control en los primeros días de la pandemia y por el Carnaval de Día, que me da que hizo estragos, lo mismo que los causó la manifestación feminista de Madrid, mucho más multitudinaria que la fiesta tinerfeña. Todavía recuerdo las palabras, por los medios audiovisuales, del biólogo irresponsable diciendo que él se estaba divirtiendo en la plaza de España, y animando a la gente a hacerlo, mientras –sin él saberlo, por supuesto— un montón de personas se contagiaba del virus. La falta de ignorancia, que decía Panduro.
