Si se paraliza la aviación se paraliza el mundo

Los gobiernos deben colocar a las empresas aéreas en los umbrales de la viabilidad./H. Braxmeier.

Las aerolíneas del mundo sólo podrán sobrevivir si se sigue el ejemplo de Alemania, que ha comenzado el rescate de estas empresas con importantes ayudas públicas.

Parece claro que tras medio año de inactividad, que va a ser el resumen final de la pandemia del coronavirus –si tenemos suerte y no hay rebrotes o no se descubre la vacuna–, no hay una empresa del sector que vaya a resistir.

La concesión de una financiación al transporte público está contemplada en las normas europeas y en la Constitución española. Y en la jurisprudencia que desarrolla estos textos legales. Se trata de un problema de movilidad esencial. Es decir, que si se paraliza la aviación se paraliza el mundo.

Sería prolijo enumerar la normativa que ampara lo que estoy diciendo, dentro de artículos tanto de la Constitución Española como del Tratado de la Unión. La ley 38/2003 de General de Subvenciones, de España,  indica como requisito en su artículo 2, apartado C que “el proyecto, la acción, conducta o situación financiera tenga por objeto el fomento de una actividad de utilidad pública o interés social o de promoción de una finalidad pública”. La aviación, tanto general como chárter, entra de lleno en este apartado.

La Unión, en su Tratado, también advierte sobre la utilidad pública, en el  espacio sin fronteras, en la actividad social y económica, en la cohesión económica y en el establecimiento de una verdadera Unión económica y monetaria. Sin la aviación no se podría conseguir nada de esto.

Y ello nos lleva a los restantes principios que deben reunir las circunstancias en las que se encuentren las aerolíneas para que la financiación obtenida no pueda ser tachada como de un falseamiento de la libre competencia (ver en Internet artículo de Juan Manuel Goig Martinea). Toda la crisis aeronáutica se ha originado por una terrible pandemia, no por mala gestión de las empresas aéreas, que son moralmente y legalmente inocentes. Pero los gobiernos, por el propio bien de sus naciones, deben colocar a estas empresas en los umbrales de la viabilidad, una vez que se reanuden sus actividades.

El propio Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión han modificado los criterios para la explotación de los servicios aéreos en la Comunidad, en virtud de la pandemia del coronavirus. Se trata de implantar una serie de medidas provisionales  a los solos efectos de paliar una situación excepcional temporal, que ha sido la causante de la falta de liquidez de las aerolíneas, sin que la gestión de las empresas haya tenido nada que ver en ello.

Y la Comisión Europea establece ayudas a las empresas que serían incapaces, mediantes sus propios recursos financieros, de salir adelante.

Tienen razón, pues, los operadores aéreos que reclaman al Estado Español una iniciativa similar a la que han mostrado otros gobiernos europeos con sus planes de ayudas. Lo que no pueden hacer, evidentemente, es reclamar las mismas ayudas que las que conceden otros estados, en aplicación de ese dicho popular que dice que “el que da lo que puede no está obligado a dar más”.

Pero sí se puede reclamar a los estados la misma imaginación, ya que las ayudas públicas no deben limitarse a préstamos y subvenciones, sino a las exenciones fiscales, la bonificación de cotizaciones a la Seguridad Social y a todo un conjunto de medidas recogidas por leyes y sentencias.

Todo menos dejar caer a compañías que nos han acercado al mundo, que han sido motores del sector turístico, que han facilitado la modernidad y la conectividad entre países del mundo. No se debería ponerlas al nivel de otras empresas, sencillamente porque son distintas. Y porque han enriquecido a los estados, vía impuestos, y ahora merecen la reciprocidad de estos. Ni más ni menos.

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