Yo ya llevo la vacuna

El coronavirus no tiene ideología ni diferencia entre las clases sociales ni razas./Imagen: Luis Alberto Serrano.

Para empezar a leer esto sin prejuicios, lo primero que hay que admitir es que no somos epidemiólogos y no tenemos ni idea de vacunas. Si usted ha pasado este filtro es cuándo podremos empezar a entendernos y si es que sea epidemiólogo de verdad, mucho más. En un tiempo en el que todos opinamos como si fuéramos expertos en tres carreras, veinticinco masters y haber tomado cañas con tres premios Nóbel; tendemos a posicionarnos con todo, siempre creyendo entender más que nadie.

Ante la avalancha de información que tenemos, muchos optan por la opción “escuchar a los que me dicen sólo lo que yo quiero oír” que no es la más adecuada, pero es la que menos nos hace pensar y llegar fácil al egolatrismo de “¿lo ves?, es lo que yo decía”. Así nos va, vivimos sin contrastar otras opiniones como correveidiles de turno o chismosos de pasillo.

La vacuna es el tema estrella del momento. Expectante, me tocó ponérmela ayer y lo he hecho convencido de que es lo mejor para mí y para los míos (y, obvio, para todos). No caigan en la trampa de creer que les voy a convencer que se la pongan, no, no. En estos días muchos amigos, por mis trabajos sanitarios, me han pedido consejo por wasap. Esa decisión nadie la puede tomar por ti. Es demasiado personal para que alguien cargue con la responsabilidad. Aunque entiendo que lo que estaban intentando era descargar la suya propia para poder “autodecirse” que les aconsejaron mal si algo no sale bien. No lo juzgo, eso lo hacemos todos en muchas ocasiones. Además, valoro esa confianza que depositan en mí.

Entendiendo que en este punto de mi relato ya no lo leen los negacionistas que no pasaron el primer filtro de este escrito. Pero creo que debo contarles mis razones para vacunarme. Esta pandemia la tenemos que parar. Cuanto más tardemos, más muerte y desolación habrá en este mundo. A día de hoy, superamos los 2 millones de fallecidos en el mundo. Más de 50.000 sólo en España. Terrible.

Los gobiernos, han intentado mil fórmulas de confinamiento y protecciones personales, y no se logran avances. Esto sigue creciendo. La concienciación y la solidaridad de las sociedades han fallado y eso es un hecho constatable. Ahora no veo ningún tipo de esperanza que no sea la vacuna. Si alguien me dice alguna (¿deberíamos tomar todos la cloraquina o derivados?) estaría dispuesto a evaluarla. Pero no la hay. La inmunidad de rebaño no se está produciendo y hay que provocarla.

Ante los que dicen que no se ha testado y que puede tener efectos perjudiciales, no les puedo contestar, ya dije al principio que no soy epidemiólogo ni tengo fotos con ningún premio Nóbel. Que estamos corriendo un riesgo puede ser verdad. Lo que no es un riesgo es que el virus sigue creciendo con una letalidad espantosamente palpable. Y ante un peligro incierto y uno real, mi capacidad de razonar no me deja duda para resolver.

En mi vida siempre he solventado mis debates internos dependiendo de lo que voy a sufrir si fallo en la decisión. En este caso fue obligado hacerlo. Pudo mucho el ver que, si no me vacuno y me contagio acabando intubado, me arrepentiré toda la vida de no haber aceptado mi dosis. Por otro lado, habiéndome inmunizado, si algún día tengo algún efecto secundario adverso, también me arrepentiré. Qué difíciles son las soluciones en las que tiene que elegir que será lo menos malo pata ti. Por eso, cada quién tiene que decidir sobre estas cuestiones. Nadie puede ayudarte ni juzgarte por la decisión que tomes. Eso sí, yo me he vacunado convencido que es lo mejor para todos.

Luis Alberto Serrano
@luisalserrano

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