domingo, julio 25, 2021
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Estrellas fugaces

Era verano, por cierto, muy caluroso, dos niños jugaban en el jardín mientras sus madres los llamaban constantemente para cenar, anochecía. Dejaron de jugar y empezaron a contar las estrellas, cada vez podían contar más porque la noche cubría el valle, de pronto empezaron a ver estrellas fugaces, cambiaron su postura y se estiraron entre la hierba que empezaba a estar algo húmeda. Miraban entusiasmados a derecha e izquierda habían estrellas fugaces que aparecían con su trazo luminoso de todas partes.

De repente dos estrellas fugaces se posaron a los pies de los niños. Ellos quedaron paralizados y las estrellas se fueron transformando en otros dos jóvenes.

– ¿Qué hacéis aquí ? Preguntó una de las estrellas. No podían articular palabra, pero ambos se pusieron en pie y el más decidido empezó a hablarles

– ¡Contamos las estrellas!

–¿Y cuántas habéis contado?

–¡No sé! Dijo el muchacho

–¿Por qué no subís a uno de estos árboles, tal vez podrías ver más?

–¿No nos deja nuestra madre?

El niño más atrevido les dijo ¿Y vosotros porque sois estrellas fugaces?

Una de ellas le contesto: Porque nuestra vida en la tierra fue fugaz.

–¿Qué te paso? Pregunto el más tímido.

–Yo era piloto, mi nombre es Antoine de Saint Exupery, un día mi avión cayó al mar siendo joven, aunque ya había llegado a escribir varios libros y uno muy especial dedicado a vosotros los niños. Es un mensaje de amor, pero tuve que irme muy joven y desde entonces, como era piloto, sigo volando en forma de estrella fugaz y sigo enseñando al hombre como vivir la vida.

¿Cómo era tu avión? preguntó el más decidido

–¡Era un caza bimotor P-38 Lightning, pero tú no puedes saber de qué avión te hablo.

El niño más tímido tiraba con su pequeña mano del jersey de su amigo y le dijo:

–¡Pregúntale algo a la otra estrella que está muy callada!

Sin ambages de ningún tipo le preguntó a la segunda estrella

–¿Y tú también abandonaste este mundo y tu paso fue muy fugaz?

Tardó unos segundos que parecieron minutos en contestar sólo los miraba y de repente habló.

–Mi nombre es Jesús y nací en Nazaret.

–¿Por qué tienes heridas en tus manos?

–¡Cierto eres un chiquillo despierto! Le mostró las palmas de las manos; y habían heridas hechas con algo punzante o clavos, y también en ambos pies y su frente también tenía heridas como si se hubiera estado peleando con un gato, pensó el niño.

–¿Quién te hizo estas heridas? Él contesto: el «hombre»

–¡Son heridas de amor y perdón!

–¿Y has perdonado a los que te hicieron tanto daño?

–¡Si a todos!

–¿Y por qué eres una estrella fugaz?

–¡Porque mi misión es recorrer todos los rincones del mundo y perdonar a aquellos que hacen daño a los demás y llevar amor a los que lo necesitan.

–¿Puedo besar tus heridas dijo el niño si te duelen?

–No hace falta tu eres limpio de corazón y tu amigo también; seguid contando estrellas, todas ellas no son más que la luz de aquellos que por una razón u otra se fueron antes. Si buscáis a vuestros abuelos o a cualquier ser humano que no esté entre nosotros lo encontraréis entre las estrellas.

Dicho esto las dos estrellas fugaces partieron, no sin antes dar las gracias por haberles dejado descansar en su jardín, la segunda estrella fugaz con el nombre de Jesús les dijo:

–¡Algún día jugareis en mi jardín que es muy hermoso tanto como queráis!

Tomás Cano

Asesor de líneas aéreas, Delegado para Europa de Air Panamá y Fundador de Air Europa.

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