miércoles, diciembre 1, 2021
InicioSELECCIONESDoble pérdida

Doble pérdida

Han pasado tres años. Ni un solo día he dejado de visitarte. Con calor, con lluvia, con viento. Con fiebre, con angustia, con dolor. Con exceso de trabajo, con preocupaciones varias.

Familiares y amigos han intentado cambiar mi forma de actuar: —Está muerta. —Nunca podrás olvidarla, ni dejarás de sentir la cruel y brutal separación, pero ya no está entre nosotros. —Se ha ido, tienes que aceptarlo y rehacer tu vida.

Nada nuevo que yo no sepa desde hace tiempo. Sé que lo hacen con buena intención. Me han ayudado mucho, pero no acaban de entenderme.

Solo tú sabes lo que me empuja a estar contigo. Es una fuerza irresistible, un impulso que me trae cada día al cementerio de Tazacorte. Aquí es donde tú estás, mi niña. Tenías quince años Paula. Quince años maravillosos. La ‘niña bonita’, mi queridísima hija.

Un atropello acabó contigo y también conmigo. Fue tan duro separarme de ti que me prometí a mí mismo continuar a tu lado. Me arrancaron de ti sin anestesia. Todavía siento un profundo dolor. Una inmensa soledad. Un vacío vital. Por eso me consuela venir a hablar contigo cada día.

Te cuento todo lo sucedido en la jornada. A veces, lloro a tu lado, o río. Recuerdo historias que nos sucedieron y te cuento los momentos que nos faltaron, los que hubiéramos deseado vivir juntos. ¡Nos quedaron tantos por vivir!

Cuando voy a verte mi alma se ensancha y se oxigena. Se llena de fuerza y energía para vivir un día más y volver. Mis entrañas se empapan de ti y mi corazón se renueva. Cada visita me ilumina hacia la luz, la razón de mi existencia. A tu lado respiro hondo. Estoy cerca de ti y siento tu presencia.

Cuando te despido hasta el día siguiente me voy templado, reposado y silencioso por haber estado un rato a tu lado. Me digo que no faltaré nunca a nuestra cita. Solo el día que me reúna contigo definitivamente dejaré de venir.

Cuando Cumbre vieja empezó a expulsar fuego no me asustó. Cuando perdí la casa poco me importó. Cuando nuestra pequeña plantación de plátanos quedó enterrada lo subestimé a pesar de quedarme sin nada material. Ya había perdido lo esencial, lo único que me importaba.

Ahora, sin embargo, vuelvo a sufrir temor. Veo desde hace días cómo avanza la lava. Rezo para que se detenga. No duermo. Estoy ansioso. Revivo los peores momentos de mi vida. La terrible separación de ti. La angustia y el dolor de la distancia.

El entierro partió en dos mi alma, mi corazón, mi vida. Una parte quedó junto a ti, hija mía, para que no permanecieras sola en este frío lugar. La parte de mí que quedó en este mundo vaga por el espacio, como sabes, viaja por el mundo a la espera de encontrarme contigo otra vez.

Las noticias anuncian el avance de la lava. Vuelvo a sumergirme en las tinieblas. La oscuridad intenta sepultarnos. La negrura de la lava inunda nuestra visión. Todo es negro otra vez. No, ¡no puede ser! La erupción no puede continuar su camino de destrucción. No puede ocultar mis recuerdos, no puede esconder las remembranzas que me permiten aferrarme a ti, ni soterrar las memorias que compartimos tú y yo.

¡No! ¡No puedo perderte otra vez!

Paloma Fisac de Ron

Doctora en Derecho y Licenciada en Periodismo

RELATED ARTICLES

4 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES