¿Arreglarán España?

Las bases para el acuerdo socioeconómico nacional no están claras y las concordancias, ni se sabe

Captura de pantalla de la videoconferencia entre Sánchez y Casado.

Sánchez ha pedido auxilio a Casado y éste se lo presta, pero con una condición: que sea en las Cortes donde se hable. Perfecto. Todo se va a acordar en el palacio del Congreso, con luz y taquígrafos y a través de una comisión. Siempre se ha dicho que, en España, para que nada se solucione basta con montar una comisión parlamentaria. En todo caso, será la Comisión del Coronavirus la que intente remendar social y económicamente este país, devastado por una pandemia y por unos dirigentes incapaces, cortos, revanchistas y hasta bolcheviques. Da igual, con tal de que lo arreglen conforme a parámetros europeos, de libre mercado, democráticos y progresistas. Y coherentes y racionales, claro. Todavía no se conoce el cuestionario, el orden del día o –como dicen los cursis y los posmodernos— la hoja de ruta, pero parece que hasta los más ceporros, que los hay, se han dado cuenta de que o se logra un verdadero pacto de Estado o España se va a la mierda en pocos meses. Estamos ante una situación de emergencia nacional, ya no sólo sanitaria –que también, claro— sino social y económica. Y si no se consiguen fórmulas que convenzan a Europa para que nos ayude –y una de ellas es la unidad–, Europa nos mandará a hacer puñetas, triunfará el criterio del norte frente al del sur y seguiremos siendo los hermanos pobres y abandonados de siempre, los mendicantes. Sánchez no da la talla, pero yo creo que Casado tampoco. No tienen categoría de padres de la patria, son chiquilicuatres llegados ahí por deméritos de otros más que por pedigree, conocimientos, formación política y sentido de Estado. Pero es lo que tenemos, qué se le va a hacer. Los grandes hombres ya no se meten en política. Ah, y las grandes mujeres tampoco. Estamos gobernados por una especie de analfabetos funcionales, que anteponen lo suyo a lo del común y que no tienen talla para sacarnos de atolladeros tan difíciles como los que la historia, la maldita historia, nos ha puesto ahora delante. O para evitarlos, claro. Yo quiero confiar en esta comisión, pero albergo serias dudas de su éxito, sobre todo si se da entrada en ella –y es inevitable y democrático–  a los comunistas y a los separatistas, que ya se sabe lo que quieren y se conocen sus métodos para lavar cerebros o comérselos. Lo que pasa es que el pueblo español reacciona siempre muy tarde. Ahí tienen lo del coronavirus. En plena pandemia convocan manifestaciones, codo con codo y boca con boca, y hasta se juegan partidos de fútbol. Todo lo resolvemos en las tabernas, huimos de la razón y generalmente vamos en el furgón de cola de Europa. Sí, ya sé que hay otros que nos acompañan; pero mal de muchos, consuelo de tontos. De momento no hay bases para la negociación y la concordancia entre todos parece imposible. Pero, bueno, ya veremos.

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