Libre albedrío

El libre albedrío no es propio de una situación tan delicada

En una situación de extrema gravedad como la que hemos venido padeciendo, en la que el confinamiento decretado parecía la única solución más acertada hasta el momento  para frenar la rápida expansión del virus, parece, a juzgar por las voces que ya comienzan a oírse por parte de muchos, que tal medida adoptada en su día no ha acabado por convencer a cierto número de afectados, al arriesgarse a afirmar, no sin cierta rotundidad, que tal medida del Gobierno sólo se debió a un intento de mantener bajo control al país, paralizando la movilización de toda la  población y en consecuencia cometiendo un claro atentado contra las libertades del individuo.

El llamado libre albedrío no parece ser propio de llevarse a cabo en una situación tan delicada como la que estamos viviendo todavía. Esa voluntad no gobernada por la razón, es la que pudo llevarnos a sufrir consecuencias aún peores de las ya conocidas, y es lógico pensar que para lograr superar la crisis, hemos tenido que ponernos a disposición de un mando único que canalizara las perspectivas más idóneas para sortear la pandemia con el mínimo número de muertes posibles. Desde luego que se ha errado en algunas cuestiones de estrategia conjunta, pero mucho peor nos hubiera ido si hubiéramos hecho frente a la pandemia empujados sólo por el apetito, el antojo o el capricho, que es precisamente todo lo contrario al empleo de la eficacia de la razón.

Particularmente, no he sentido coartadas mis libertades más perentorias por asumir de manera razonable el confinamiento decretado; y dudo mucho en qué medida este gobierno haya podido aprovecharse de mi situación concreta para tenerme estrechamente vigilado tal y como afirman, a toro pasado, los pregoneros a sueldo que intentan sembrar la espesa sombra de la duda con la única intención de crear una desestabilización que no beneficia a nadie en absoluto, a no ser que la oposición esté inocentemente involucrada en tales afirmaciones, con lo que estaría sentando un grave precedente de acusación al que no deseo en absoluto referirme ni participar.

El concepto del libre albedrío ya ha sido tratado en  profundidad por los filósofos. De modo que a mí sólo me resta decir que no me encuentro sólo en éste mundo como para llevarlo a cabo sin perjudicar al resto que me rodea y que también pudieran hacer uso del mismo con todo lo que ello significaría de controvertido.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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