domingo, julio 25, 2021
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Un recuerdo imborrable

Hay experiencias que, por el intenso impacto, se quedan grabadas para los restos y la que voy a relatar es de esas.

Me ocurrió en plena adolescencia, la primera vez que escuché a este portento, simplemente afinar la guitarra de uno de los compañeros matriculados en el curso que impartía en Tenerife.

La escena ocurrió en el aula de guitarra del profesor Francisco Sarmiento Rojas, un sótano del edificio que alberga el actual Parlamento de Canarias, sede del conservatorio en aquella época (año 1979 aproximadamente).

Recuerdo, como si estuviera ocurriendo ahora mismo, que el Maestro tomó la referida guitarra (yo nunca lo había visto tocar), y ¡cómo! hacía sonar la prima de ese instrumento corriente, al pulsarla con su dedo medio (en un silencio reverencial de todos nosotros).

Me di cuenta inmediatamente de lo poco, o nada que sabía tocar y aprendí, en ese mismo instante, que en la calidad del sonido radica una gran parte del secreto.

A partir de esa experiencia (cuasi religiosa) vino el resto del aprendizaje en ese cursillo, que consistió en tomar conciencia de los largos y sinuosos caminos de la guitarra, todo ello a través de un Maestro muy sabio.

El recuerdo que tengo de la escena y el impacto que me produjo, fue muy revelador y lo he tenido siempre presente.

Con todos ustedes: ¡El grandioso José Tomás!

 

Nota biográfica:

Nacido el 26 de agosto de 1934 en Alicante, José Tomás Pérez Sellés fue un guitarrista considerado como uno de los grandes maestros del siglo XX. Grandes interpretes de todo el mundo fueron alumnos de este innovador de la guitarra clásica. Su influencia en la evolución técnica fue una de sus grandes aportaciones y por su puesto su gran humanidad y cercanía.

El maestro José Tomás estudió con guitarristas de la talla de Regino Sainz de la Maza, Emilio Pujol, Alirio Díaz y Andrés Segovia. Del gran Segovia se convirtió en su asistente en los cursos de Música de Compostela y posteriormente su sucesor.

La gran aportación del maestro la realizó en el ámbito de la enseñanza y sus transcripciones de música Renacentista y Barroca. Para este tipo de partituras el constructor José Ramirez le hizo una guitarra de ocho cuerdas que le permitía interpretar música originaria para laúd.

El Conservatorio Profesional de Música de Alicante tomó su nombre en honor a su inmensa labor en el mundo de la música, en particular de la Guitarra.

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