domingo, julio 25, 2021
InicioATRIL INSULARMis grabaciones domingueras

Mis grabaciones domingueras

Una actividad, entre pasatiempo y auto terapia

A menudo me preguntan mis amigos por las motivaciones que me han impulsado a realizar desde hace un tiempo y con tanto ahínco, esta actividad de grabarme tocando en casa, para posteriormente compartir cada video en las redes, y yo siempre trato de explicarlo lo mejor y más rápido que puedo, pero siempre me quedo corto, pues no es fácil hablar de una «locura» que posee tantas razones diferentes para existir.

Es por ello, que me he decidido a escribir esta nota, que a partir de este punto será una especie de diván en el cual me recueste, para hablar cómodamente de lo que yo he denominado, empleando el socarrón humor toscalero, “mi particular salida del armario guitarreril, a los cincuenta y pico”.

Surgió de una manera espontánea e inesperada, cuando a principios de 2014 restauré una guitarra muy deteriorada, labor de la que soy un simple aficionado y a la que el término restaurar, le queda muy grande. Vamos a dejarlo, por tanto, en que de vez en cuando trato de “lavar la cara” a algunos instrumentos que se me cruzan en el camino.

Pues bien, en esa ocasión, los amigos que habían seguido el proceso de lijado, barnizado y ajuste, a través de unas fotos que fui subiendo a mi perfil de Facebook, me pidieron que les mostrara su sonido y de alguna manera me vi obligado a hacerlo, con un nivel importante de pudor, muy habitual en mí. Y es que, quien me ha conocido de siempre sabe que mis andanzas con la guitarra se han desarrollado principalmente en el aula y en mi solitario estudio, siendo el escenario muchos años mi hábitat natural de disfrute y desarrollo profesional, eso sí, sin la guitarra como protagonista, porque durante una larga etapa me dediqué, además de a la docencia, a la dirección de agrupaciones vocales e instrumentales.

Por lo tanto, no me he prodigado demasiado tocando en público, debido al alto y extravagante nivel de auto exigencia que desde pequeño tuve con el instrumento, propiciado con total seguridad, por lo que se podría llamar un fatal «adoctrinamiento guitarrístico«, al que fuimos sometidos algunas generaciones de jóvenes, en todo lo relacionado con la actividad concertística. Lo dejo aquí y no profundizo, ya que este tema pertenece a otro relato, de ciertos tintes oscuros, que tal vez un día me decida a escribir.

Pues bien, volviendo a ese primer video en el que mostré el sonido de la guitarra «renacida» (para no emplear el término restaurada, que insisto, me viene muy grande), para mi sorpresa propició muchos comentarios positivos y algunas reacciones de desconcierto y desagrado en mis seres más próximos, por haber osado hacer algo tan inusual en mí.

El instinto de proteger a las personas que quieres para que no se expongan innecesariamente a un posible ridículo provoca este tipo de reacciones.  Actualmente, a estas alturas de la película, creo que ya han comprendido que con esta actividad ocurre algo positivo que de alguna manera me llena y creo que ya lo toleran, a modo de un «mal necesario» (permítase la ironía).

Pero mi intuición no me falló  y algo me decía  que estar inmerso en este entretenimiento de grabar de manera desenfadada,  me hacía pasar el rato alejado de estados emocionales no deseados, y es que mientras dura el proceso de elección de la pieza, el repaso, la grabación, la edición, la subida a la red y los posteriores comentarios con mis amigos virtuales, paso estupendamente la tarde noche de un sábado o domingo, en un abrir y cerrar de ojos, con la mente alejada de pensamientos y estados anímicos nada recomendables,  cosa que en mi presente busco por todos los medios y esta actividad me lo ofrece.

Y es que, si según los meteorólogos, la tormenta perfecta se produce como  resultado de una serie  de concatenación de  factores atmosféricos, mi propia tormenta ha aparecido con fuerza al ir  cumpliendo años, justamente cuando  el nido se ha  vaciado y la casa se ha hecho más  grande y fría de repente, cuando además se une  el fatal desgarro que te produce  la partida de quien te dio la vida y por último, si todo ello se  adereza con estratégicos obstáculos (putadas en toda regla) de índole laboral  que en los últimos años   han protagonizado el papel de molestos y muy «cabreantes» juanetes, el resultado de esta combinación de factores, se convierte en  un pesado  andar por la vida.

Es comprensible por tanto que esta actividad y otras a las que me he entregado en los últimos tiempos, como la acción de voluntariado que denominé «Música Solidaria en el Asilo«, que  tengo  temporalmente aparcada  , pero con la intención intacta de retomar con fuerza cuando se den las circunstancias favorables y adecuadas,  constituyen para mí, además de un magnífico pasatiempo, una especie de auto terapia paliativa, a la que me agarro con fuerza para mantenerme a flote y  enfrentar la negra borrasca, que parece  querer seguir descargando.

Además, la gran buena nueva para mi júbilo, es que me siento liberado por fin y después de tantos años, de esa horrible carga que supone tener como prioridad el absoluto perfeccionismo, que tanto mediatiza y hace sufrir al músico a la hora de mostrarse, comprendiendo que es algo imposible de alcanzar y aceptando de buen grado, ¡por fin!,  mis propias limitaciones. Es por eso, que he dado una cierta rienda suelta a la improvisación, grabando las piezas tras un breve repaso y dejando grabados los fallos y múltiples imperfecciones. Tal vez, esta actitud sincera y transparente con la que me muestro tocando, sea mi más importante logro personal que me ha proporcionado mis domingueras grabaciones. Por primera vez en mi vida, disfruto plenamente al tocar para los demás, porque me acepto tal cual soy y ofrezco modestamente mi trabajo a quien me quiera escuchar, importándome bien poco aquellos que en este mundo musical, andan siempre con la «escopeta cargada» disparando a todo lo que se mueve y cuya presencia destructiva, acaba minando la moral de los que padecen de auto exigencia extrema.

En este punto doy por finalizado este tocho, que cubre de alguna manera la necesidad personal que tenía de expresarme y explicar algunos detalles de mi pasatiempo de fin de semana. Con seguridad, serán muy pocos los «valientes» que se traguen hasta el final esta cascada de verborrea íntima, pero a esos poquitos les agradezco mucho el tiempo invertido.

A partir de ahora, cuando algún amigo me pregunte, ya le puedo decir que escribí una nota en la que me sincero sobre el tema y podré remitirle a ella.

Canal de Youtube con «Mis grabaciones domingueras»

Haga clic sobre la imagen para acceder.

 

 

Artículo anteriorIndultos e independencia
Artículo siguienteEl colchón
RELATED ARTICLES

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

- Advertisment -spot_img

ÚLTIMAS PUBLICACIONES