miércoles, noviembre 30, 2022
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Los amigos en la hora de la muerte

Cuentan que hubo un rey que concedió grandes dignidades a un hombre pobre y humilde y le confió la soberanía de un reino. Al sentirse poderoso, este hombre permitió entrar en su casa a los enemigos de su señor, a pesar de la prohibición de aquél.

El rey tuvo noticia de ello y lo mandó ahorcar. Cuando ya lo conducían al patíbulo, le salió al encuentro un amigo suyo a quien había hecho muchos servicios y le dijo:
-Amigo mío, ten en cuenta el aprecio que siempre te he tenido: ahora me conducen a la horca, socórreme.
Y el amigo le respondió:
-Hermano, antes de que tu existieras tuve muchos amigos y después de tu muerte contaré con otros muchos nuevos. Sin embargo, compadecido de ti te regalo dos varas de tela para que te envuelvan con ellas cuando estés muerto.

Después se encontró con un segundo amigo, a quien había hecho muchos favores y le dijo:
-Amigo mío, me llevan al patíbulo, ayúdame.
Y el amigo le contestó:
-Tengo compasión de ti, te acompaño hasta la horca.

Por fin cuando llegaron al lugar de la ejecución, se le presentó un amigo que siempre le había ayudado en todo, pero a quien él, al verse en buena posición había olvidado y por el que nunca había hecho nada. Sin embargo, confiado en su benignidad y en su misericordia le dijo:

– Amigo mío piadosísimo, todos mis demás amigos me han abandonado, socórreme.
Y el amigo le contestó:
– Por ningún motivo debería ayudarte, pero si pides misericordia con corazón puro como te veo traicionado por los enemigos, te libraré de la horca y la sufriré yo en tu lugar.

Este Rey es Dios, el pobre es cada uno de nosotros, a quien Dios nos concede los bienes, las virtudes y los sacramentos; la casa es nuestro corazón o neutra alma; los enemigos son los demonios y los pecados, por haber admitido los cuales, mereció el género humano ser colgado en el infierno.

El primer amigo son las riquezas que nos ofrecen un trozo de tela para enterrarnos. El segundo amigo son los amigos carnales, que conducen el cuerpo del rico hasta la fosa. El tercero es el Hijo de Dios, que sin tener en cuenta que nuestros merecimientos pedían lo contrario, sufrió por nosotros el suplicio de la Cruz. Éste es el verdadero auxiliador, que socorre al que abandonan todos sus amigos.

Tomás Cano Pascual

Asesor de líneas aéreas

Delegado para Europa de Air Panama

Fundador de Air Europa

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