Terminarán por destrozarse ellos mismos

Sánchez y Lastra firman la derogación de la reforma laboral del PP, sin contar con el Gobierno, y Calviño los desautoriza

Lastra, Echenique y Aizpurua, los firmantes del acuerdo.

Es sabido que Sánchez es un sociópata. Y es sabido que sufre del efecto Dunning-Kruger mediante el cual las personas ignorantes, con escasos conocimientos, padecen de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose con más capacidades que personas mucho mejor preparadas, merced a una incapacidad metacognitiva del sujeto para darse cuenta de su propia ineptitud. Es una enfermedad, que se estudia en psiquiatría y que, en condiciones de país normal, posiblemente le impediría ejercer como presidente del Gobierno. Ambos investigadores, Dunning y Kruger, son profesores de la Universidad de Cornell, Nueva York. Sus teorías son perfectamente aplicables al modo de actuar del todavía presidente del Gobierno de España. Ayer, entre él y su fámula Adriana Lastra, otro derroche de complicada ingeniería mental iletrada, firmaron un compromiso con Bildu y Podemos para la derogación de la reforma laboral del PP, en plena negociación con Europa, y ante el cabreo de gran parte del Gabinete, que sencillamente no se enteró de las intenciones de Sánchez, Lastra, Echenique y la representante de Bildu, el brazo político de los etarras, socios del PSOE aunque parezca increíble. La filtración del documento, que adjuntamos, despertó un incendio en los medios de comunicación digitales y en los programas políticos de las televisiones, incluso de las gubernamentales (que son casi todas las generalistas, a golpe de talonario). Y, sobre todo, la indignación de la ministra de Economía y vicepresidenta tercera del Gobierno, Nadia Calviño, que llegó a decir que el documento firmado era “absurdo y contraproducente” y que a ellos los han puesto en el Gobierno “para resolver los problemas de los españoles, no para crearlos”. Era todo un puñetazo al mentón de Pablo Iglesias y otro al de Adriana Lastra, cada vez más absurdamente radicalizada. Luego el PSOE rectificó y dijo que sólo se reformarían algunos aspectos de la reforma laboral, pero nadie dijo que el parto del documento se debía, única y exclusivamente, a la extensión de la prórroga para el estado de alarma y a los votos necesarios para conseguirla. Sánchez sigue atropellando y chantajeando. Parece que en la negociación también estaban Carmen Calvo, que cada vez hace y dice más tonterías, e Iván Redondo, el asesor presidencial que está perdiendo mucho crédito y a este paso lo va a perder todo. Parece que fue Bildu quien filtró el documento, lo que supuso un cabreo del PNV, en plenas vísperas de las elecciones vascas. En fin, que Sánchez y Lastra montaron tal lío que el primero agravó, alegando lo que alegó: que desconocía el acuerdo; aunque él mismo no se dio cuenta y lo adelantó un día antes. Nadia Calviño recibió media docena de llamadas de Europa preguntando qué era eso y cómo iban a derogar una reforma laboral que funciona, sin negociarla con patronal y sindicatos, y a punto de pedirle dinero a la Unión, cuyos dirigentes se enteraron por la prensa de las intenciones de Sánchez. Los empresarios anunciaron que se retiraban de la negociación con el Gobierno y los sindicatos. Y los sindicatos, igualmente cabreados, le echaron en cara a Sánchez que hay miles de convenios laborales en negociación con los empresarios, en plena crisis del coronavirus. Después, Sánchez mandó a Ábalos, como cuando vino Delcy con las maletas llenas de oro y documentos, a apagar el fuego, pero no consiguió –igual que en el caso anterior–sino encender más la hoguera. Sánchez va los miércoles al Congreso a reírse cínicamente de lo que dicen Casado y Abascal, en una actitud indigna de un presidente, demostrando que lo del efecto Dunning-Kruger es absolutamente cierto y que está incapacitado para regir los destinos de España. Esto ya lo sabe todo el mundo y cualquiera de estos días lo que va a sufrir es la dimisión de algunos miembros de su Gobierno, enfrentados claramente a él y a Podemos, que no da puntada sin hilo. Lo de ayer rizó el rizo del disparate. Naturalmente que es imposible que la derogación de la reforma laboral del PP se lleve a cabo en este momento, con lo que tendremos una mentira más de este sociópata, mentiroso y caradura que no repara en gastos a la hora de comprar un voto para mantenerse en La Moncloa. Caiga quien caiga.

Acuerdo para prorrogar el Estado de Alarma

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